Como una de las consecuencias de lo que se conoció a nivel global como La crisis del petróleo en los primeros años de la década de 1970, en América Latina, el modelo de acumulación basado en la industrialización sustitutiva entró en su etapa final. Sectores históricamente opositores a todo tipo de intervención del Estado que promoviera una política redistributiva a favor de los sectores populares impulsaron activamente la destrucción de las condiciones que hicieron posible el modelo inclusivo de las décadas precedentes. En el nuevo patrón de acumulación implementado fue decisiva la participación de los Estados Unidos y de organismos   como el FMI y el Banco Mundial que prescribieron una serie de políticas que debían llevarse a cabo: reducción del tamaño del Estado, privatización de las empresas y servicios públicos y apertura irrestricta de los mercados a las inversiones extranjeras.

El nuevo modelo implantado tuvo su eje en el reemplazo de la producción industrial por los  servicios  y la valorización financiera dando lugar a un proceso de extranjerización de la economía que limitó de manera creciente la autonomía de los Estados para ejecutar políticas públicas. Resultó decisivo el papel de las dictaduras de los años sesenta y setenta para llevar a cabo las políticas denominadas neoliberales a partir impulsar  la persecución, represión y asesinatos de los sectores que se opusieron a este modelo.

Un momento clave en América Latina fue el golpe de estado producido en Chile en 1973 que terminó con la experiencia de la Unidad Popular dando inicio a la dictadura de Pinochet que se extendió hasta 1990. En Chile se aplicaron de manera muy decidida medidas como la liberación del mercado financiero y una amplia disminución del rol del Estado en la economía. El ejemplo más saliente fue la reducción de bancos y empresas estatales que pasó de cuatrocientos a cuarenta y cinco en siete años. La ola de privatizaciones alcanzó, inclusive, gran parte de los sistemas educativos y previsionales chilenos.

Resultó de vital importancia en los años ochenta los gobiernos de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en los Estados Unidos, ejemplos paradigmáticos en la aplicación de políticas neoliberales que sirvieron como modelo a seguir en otras regiones como América Latina. En el supuesto “éxito” de las mencionadas experiencias fue muy importante también la elaboración y difusión de un discurso que generó un sentido común a favor de la necesidad de seguir los principios neoliberales como única alternativa posible.

Hay que tener en cuenta que los resultados macroeconómicos de América Latina en durante los ochenta fueron extremadamente desfavorables. El momento inicial puede situarse en 1982 con la cesación de pagos declarada por México en lo que se denominó como la crisis de la deuda externa en la región. La  caída del Producto Bruto Interno del 8,3 llevó a que se considere a este periodo como la “Década perdida”. Situación que generó el contexto favorable para que los gobiernos implementen las reformas estructurales “recomendadas” por lo que se conoció como el Consenso de Washington.

Si bien los cimientos para la aplicación de medidas neoliberales se remontan a las dictaduras, fue en década del noventa cuando tuvieron su momento de mayor auge, siendo, paradójicamente, gobiernos democráticos los que ejecutaron de manera más profunda las mencionadas políticas. Las muestras más significativas de este tipo de gobiernos fueron los de Carlos Menen (1989-1995 y 1995-1999)  en la Argentina y Alberto Fujimori (1990-1995 y 1995-2000) en el Perú, aunque lejos estuvieron de ser las únicas. También fueron experiencias neoliberales durante los noventa las de Sánchez de Losada en Bolivia (1993-1997), Salinas de Gortari (1988-1994) en México, Pérez (1989-1993) en Venezuela, Collor de Mello (1990-1992) y Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) en Brasil.

Reducción del déficit fiscal, racionalización del gasto público, liberalización financiera y del comercio exterior, eliminación de subsidios a industrias que se consideraban no competitivas, privatizaciones masivas y fomento de inversiones extrajeras con mínimos marcos regulatorios y valorización financiera, fueron las principales políticas del neoliberalismo en gran parte de América Latina.

Los resultados de estas políticas fueron ruinosos en todos los niveles. Estudios de la CEPAL muestran que entre los años 1980 y 1999 fue notable el aumento de la pobreza y la indigencia a partir de la regresiva distribución de la riqueza. La apertura indiscriminada de la economía generó un veloz proceso de desindustrialización provocando una gran desocupación y el aumento sostenido de trabajo precario.