La Guerra de Corea (1951-1953) fue la primera guerra de la “Guerra Fría”.

La península de Corea estuvo ocupada durante toda la Segunda Guerra Mundial por Japón. Al terminar la Guerra en 1945, los hasta entonces aliados (EEUU, La URSS y China) decidieron dividir la península en dos: Corea del Norte (bajo el nombre de República Popular Democrática de Corea, comunista) y Corea del Sur (bajo el nombre de República de Corea, capitalista). Corea del Norte tenía el apoyo soviético y de China y Corea del Sur el de los EEUU y las potencias europeas.

La línea divisoria del país se estableció artificialmente en el paralelo 38. A partir de esto, muchas familias quedaron divididas. Cruzar la frontera no era nada fácil y los conflictos por avanzar hacia el norte o hacia el sur del paralelo 38 oscureció la vida de los pueblos de Corea.

Finalmente, en junio de 1950 las acusaciones de invasiones recíprocas dieron lugar a un enfrentamiento armado de grandes proporciones. Corea del Norte avanzó hacia el sur y fue ocupando espacios y ciudades. Esto motivó la intervención directa de los Estados Unidos (que lo hicieron bajo “mandato” de la ONU, junto con varios países europeos y aún latinoamericanos) y, con la intervención norteamericana, el apoyo en armamento de China y la URSS a Corea del Norte.

La Guerra de Corea duró menos de tres años, pero fue muy cruenta para los pueblos del Norte y del Sur de la península: el total de muertos ascendió a 1.600.000 personas entre civiles y militares. Durante la guerra se temió el desencadenamiento de una guerra nuclear entre los EEUU, la URSS y China y varios países tomaron partido por algún bando. El presidente argentino Juan Domingo Perón se opuso a la intervención norteamericana y se declaró neutral.

La Guerra terminó en 1953 en un “empate” entre potencias. Corea sigue dividida hasta hoy y en conflicto permanente una con la otra. Los historiadores coinciden en una triste conclusión: de no haber existido la intervención norteamericana, probablemente Corea se hubiera unificado.