El concepto de Seguridad Nacional surgió en los Estados Unidos luego de la segunda Guerra Mundial pero logró constituir un eje que definió al comunismo como una amenaza política y militar creciente. Por un lado, el presidente norteamericano Harry Truman estableció la “doctrina Truman” del enfrentamiento entre Oriente y Occidente. Por el otro, el primer ministro inglés Winston Churchill desarrolló su concepto de la Cortina de Hierro para referirse a la expansión soviética en Europa Oriental. La ideología anticomunista de la inmediata posguerra buscaba garantizar la supremacía norteamericana en un posible conflicto con la URSS.

El desarrollo de la tecnología nuclear de la Unión Soviética y China generaron nuevas alertas en el eje anglosajón. Los avances en la tecnología militar evidenciaron que un enfrentamiento directo podría causar la destrucción global. Ante la amenaza inminente, el conflicto bélico tomó un giro discursivo. La Doctrina de Seguridad Nacional se transformó en una serie de principios ideológicos que fueron instalados en el territorio de los países del llamado Tercer Mundo. Así, el conflicto entre comunismo y capitalismo logró un alcance global.

Esta nueva política internacional dejó de considerar al sistema interamericano como una herramienta para el triunfo contra las potencias fascistas durante la Guerra Mundial y lo ubicó como un instrumento clave para detener el “avance del comunismo” en el hemisferio americano.

Por este motivo los países del continente firmaron en 1945 el Acta de Chapultepec. En ese acta se contemplaba la defensa colectiva del continente frente a la amenaza de una guerra que aún no había terminado. El presidente Truman se había propuesto la unificación militar continental, y propugnó para ello la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947. Junto con el TIAR, formaron parte de la estrategia militar continental de los Estados Unidos la Junta Interamericana de Defensa y el Colegio Interamericano de Defensa (creadas también durante la Guerra e incorporadas al TIAR).

A través de estos organismos, el concepto político-militar y estratégico de la seguridad nacional comenzó a ser aplicado a las políticas que debían garantizar y llevar adelante los Estados Latinoamericanos, en connivencia con la estrategia anticomunista norteamericana.

Además de los compromisos legales asentados en la OEA y el TIAR, los Estados Unidos se propusieron generar una mayor homogeneidad tecnológica y militar en los ejércitos latinoamericanos. Así surgieron los Programas de Ayuda bilaterales que, tomando como base la experiencia de coordinación de la Segunda Guerra, comenzaron a desarrollar programas de información y entrenamiento militar para los militares latinoamericanos.

Este entrenamiento comenzó a desarrollarse en la tristemente célebre Escuela de las Américas, en la zona del Canal de Panamá. Dicha escuela se transformó en un centro clave para homogeneizar el discurso y la práctica de la Doctrina de la Seguridad Nacional en las Fuerzas Armadas Latinoamericanas. Con el triunfo de la Revolución Cubana, la Doctrina de la Seguridad Nacional pasó a ser el estandarte más significativo de la política norteamericana hacia América Latina. La Guerra Fría comenzó a lucharse también en América Latina y en los Estados latinoamericanos que debían contener con la ayuda del país del norte los avances del comunismo.

Frente a esta política, a principios de los ’60 surgieron organizaciones revolucionarias en América Latina. Utilizaron el juego político y la lucha armada para intentar llevar adelante un proceso de cambio social que se sustentaba en el antimperialismo y en el cambio de las “estructuras” económico-sociales, que basándose en la experiencia Cubana, iniciara en América Latina lo que en el lenguaje de la época se llamaría “el camino hacia el socialismo”.

Los Estados Unidos contrarrestaron esta perspectiva con una mezcla de represión y apoyo económico: La administración Kennedy en 1961, diseñó y propuso la denominada Alianza para el Progreso, un paquete de medidas y programas que pretendían disminuir la pobreza y mejorar los índices de inequidad a la vez que modernizar la estructura económica en América Latina (incluyendo el sector rural). Junto con esta estrategia pacífica, Kennedy ideó Programas de apoyo a la capacitación contrainsurgente y contra la “subversión”. A medida que avanzó la década de 1960, se fue abandonando la estrategia de contención por medio de la Alianza Para el Progreso, y fueron permaneciendo e incrementándose los programas de formación de cuadros militares contrainsurgentes.


La Doctrina de la Seguridad Nacional nunca fue enunciada en estos términos sino que se fue desplegando por un conjunto de justificaciones político-militares que fueron constituyendo un tipo particular de Estado y de prácticas que podríamos resumir de la siguiente manera:

  1. La democracia (enunciado cardinal del sistema Panamericano durante la Segunda Guerra Mundial) pasó a ser considerada una opción política subordinada a su capacidad de “contener” a las fuerzas políticas consideradas comunistas.
  2. El golpe militar “preventivo” pasó a ser una consideración aceptable y recomendable por parte de los EEUU y el Sistema Interamericano (la OEA) si lo justificaba el hecho de “proteger” al hemisferio de un posible gobierno comunista.
  3. El control militar del Estado es la consecuencia directa de la implantación de la Doctrina de Seguridad Nacional.
  4. El enemigo a derrotar no estaba constituido por un ejército extranjero sino que se hallaba DENTRO de cada país latinoamericano, por lo que la represión de los “agentes del comunismo” se volvió una de las principales tareas de los gobiernos y/o dictaduras militares.
  5. Potencialmente, toda la sociedad era el espacio a controlar y eventualmente reprimir, y dentro de ella no sólo la expresión política divergente sino las expresiones culturales, mediáticas, pedagógicas, literarias que el poder establecido considerara pro-comunista.
  6. Los problemas sociales pasaron a considerarse expresiones del “comunismo” y reprimidos como tales.
  7. El resultado fue el desarrollo de un nuevo militarismo latinoamericano, expresado en las dictaduras pretorianas o burocrático-autoritarias que ocuparon todo el Estado desplazando y prescindiendo de los políticos tradicionales y entregándole a las Fuerzas Armadas el control absoluto del aparato estatal.
  8. Durante las décadas de 1960 y 1970 se desplegaron procesos de altísima represión militar y política con violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos y planes sistemáticos caratulados en varios casos como genocidios.