Uno de los casos paradigmáticos de Terrorismo de Estado ha sido el del dictador Augusto Pinochet. Desde 1970 gobernaba en Chile el gobierno de la Unidad Popular, un frente que constituía el Partido Socialista chileno, el Partido Comunista chileno y sectores disidentes de la Democracia Cristiana. El programa del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular se basaba en la idea de la “vía pacífica al socialismo”, un programa de mejoras educativas, de salud pública y nacionalizaciones de empresas que se fue desarrollando siguiendo puntillosamente la Constitución y los pasos legales democráticos.

El gobierno de la Unidad Popular se vio agredido permanentemente desde el interior y el exterior: en el interior, la prensa hegemónica (El Mercurio) calificaba cada medida del gobierno como un acto de “dictadura marxista”; a su vez, los grandes grupos económicos chilenos promovieron el desabastecimiento y la suba de precios. Desde el exterior, la C.I.A. (central de inteligencia norteamericana) promovió un conjunto de medidas para dificultar la tarea del gobierno: sabotajes a las fábricas, cancelamiento de créditos y finalmente, aportes de dinero para fomentar actividades violentas.

En este contexto, el general Augusto Pinochet declaró un golpe de Estado. El golpe del 11 de septiembre de 1973 causó conmoción en el mundo: las imágenes del bombardeo a la Casa de Gobierno, el asesinato del presidente Salvador Allende, el principal estadio de fútbol de Chile convertido en cárcel y centro de fusilamientos recorrieron el mundo. Pinochet inició una sangrienta dictadura que se extendió durante 17 años. Se prohibieron las actividades sindicales, partidarias, se cerraron universidades y colegios y, muy importante, se llevó a cabo el primer experimento de economía de libremercado de América Latina (lo que luego se llamará neoliberalismo).